DE LA ALTERNATIVA Y DE LA REMISIÓN DE LA ACTIVIDAD

DE LA ALTERNATIVA Y DE LA REMISIÓN DE LA ACTIVIDAD

En la marcha ordinaria de la educación, los discípulos se ocupan a la vez de muchos ramos distintos, de manera que, en un mismo día, pueden tener que estudiar tres, cuatro, o más asignaturas. He aquí los principios que deben seguirse para la alternativa y la remisión de los diferentes modos y ejercicios y de aplicación del entendimiento: El SUEÑO es el único estado en que el entendimiento y el cuerpo suspenden completa y absolutamente todo gasto de fuerzas, y esta suspensión es tanto mayor cuanto más tranquilo es aquel. Todo lo que abrevia el tiempo de duración del sueño, le agita y le turba, es una pérdida de fuerzas. Mientras estamos despiertos, podemos dejar de hacer tal o cual trabajo con un reposo del organismo más o menos completo. La comida, por ejemplo, es la mejor distracción del trabajo; cambia el curso de las ideas, atendiendo al reposo del cuerpo. El ejercicio físico o muscular, cuando alterna con el trabajo intelectual sedentario es, en el fondo, un modo de remisión acompañado de un gasto de fuerzas necesario para establecer el equilibrio de las funciones físicas. Hay un exceso de sangre al cerebro: pues se combate con el ejercicio muscular. Se paralizan los tejidos: pues el ejercicio muscular es el mejor medio de volverles su actividad; pero, observaciones exactas nos permiten apreciar que estos dos efectos saludables cesan de serlo si proviene la fatiga, porque todo ejercicio muy prolongado no deja reposo al organismo y le aniquila. El punto verdaderamente importante, para nosotros, es saber lo que ganamos con dejar una ocupación para tomar otra. Para responder a esta cuestión, es preciso tener en cuenta muchas consideraciones. Es necesario que el primer ejercicio no se prolongue hasta el punto de producir un cansancio general. Un niño, que hace por la mañana un fuerte ejercicio muscular, no está bien dispuesto para recibir una buena lección de aritmética. Los ejercicios musicales extremados prohíben empezar inmediatamente otro estudio. La adquisición de tal o cual estudio especial puede tener bastante importancia para consagrarle toda la plasticidad de nuestro organismo. Cuando las corrientes cerebrales persisten en seguir el mismo camino, esto, en el fondo, no es más que otra forma de aniquilamiento. Todo estudio nuevo y difícil presenta ciertas fases en las que puede ser bueno concentrar la mayor energía del día. En general, la mayor energía corresponde a la primera parte del día; pero, cualquiera que sea la dificultad especial de que se trate, sería bueno aflojar un poco en los demás estudios serios o penosos, hasta que aquella haya sido superada. No decimos por esto que se abandone absolutamente todo lo demás, pero que hay, en todos los estudios, largos ratos en que parece hacerse algo, y no se hace en el fondo más que repetir los esfuerzos ya conocidos. El maestro debe concertar los momentos de mayor tensión sobre uno de los puntos, con los de remisión sobre los demás. Casi ningún estudio o ejercicio es de complicación y variedad bastante grandes para exigir el empleo de todas las fuerzas del organismo; de donde se deduce que, en nuestros cambios de ejercicios intelectuales, debemos preferir aquellos que menos facultades dejan en la inacción. Este principio se aplica necesariamente a todas las operaciones del entendimiento -adquisición, producción, placer-; teniendo en cuenta que no debemos dejarnos engañar por una simple apariencia de diversidad. Indicaremos las diferencias de objetos que dejan descansar el entendimiento al pasar de uno a otro. Muchos cambios no son, en el fondo, más que una simple remisión del esfuerzo intelectual. Cuando pasamos de un trabajo serio y difícil a otro fácil, el placer que nos causa el cambio es debido, no a la naturaleza del nuevo trabajo, pero sí al alivio que causa la cesación del primero. Cuando se quiere disminuir la tensión de las facultades, es mejor darles, por algún tiempo, un trabajo fácil que dejarlas ociosas. La sustitución del juego al trabajo ofrece la doble ventaja del ejercicio de los músculos de una reacción agradable. Reemplazar una ocupación simplemente laboriosa por otra que gusta, es gozar realmente de la vida. Pasar de la violencia a la libertad, de la oscuridad a la luz, de la monotonía a la variedad, de la privación a la abundancia, es pasar del sufrimiento al placer. Este cambio, recompensa efectiva del trabajo, es también la renovación de las facultades que nos hace capaces de soportar nuevas fatigas. Estrechemos aun mas el círculo de esta dificultad, y demos un ejemplo que haga comprender el género de cambio que puede tener lugar sin que cese el estudio, de modo que aliviando la inteligencia, no quede, sin embargo, inactiva. El estudio presenta, en general, dos fases distintas, la de observación y la de ejecución. Si se trata de ejercicios de viva voz, primero escuchamos y después repetimos; para los ejercicios manuales, miramos el modelo y después le reproducimos. Luego el verdadero secreto, la economía de fuerzas intelectuales, es saber proporcionar convenientemente la duración de estas dos fases. Si prolongamos demasiado la tensión de entendimiento que exige la observación, perdemos la energía necesaria para obrar, y además nuestro entendimiento recibe más de lo que puede absorber. Por otro lado, la observación debe durar lo bastante para poseernos de la impresión que debemos recibir, y es preciso que la impresión recibida sea en una cantidad tal que merezca la pena de volver a reproducirse. Cuando se trabaja teniendo a la vista un modelo del que se puede disponer a voluntad, se aprende la justa proporción que debe establecerse entre la observación y la ejecución. Por el contrario, si el profesor determina la proporción entre estos dos actos, está muy expuesto a pecar por exceso, que es lo que ordinariamente sucede, y también por defecto, en cuyo caso no avivará bastante la energía intelectual de los discípulos. Cuando una combinación difícil se ha efectuado, lo más importante está resuelto; pero la adquisición no está todavía completa: queda todavía que repetir y practicar los conocimientos adquiridos, para hacerlos fáciles y asegurar su conservación. La tarea es relativamente fácil, y es la de un soldado que ha cumplido su primer año de servicio. Sin embargo, todavía queda algún trabajo plástico que efectuar, pero que ya no exige el mismo gasto de fuerzas que en las primeras luchas. Cuando se ha llegado a este punto, son ya posibles otras adquisiciones intelectuales, y sólo entonces es el verdadero momento de trabajarlas. Es evidente que, al discípulo, le causa verdadera alegría pasar de un trabajo ímprobo y desconocido a otros ejercicios que ha practicado ya, y que no tiene más que seguir grabando en su entendimiento. Antes de ocuparnos de los diversos estudios nuevos para los que es necesaria la alternativa, no estará de mas decir algunas palabras de las dos diferentes facultades intelectuales que nosotros llamamos MEMORIA y JUICIO. Estas dos facultades son tan distintas bajo todos conceptos, que el paso de la una a la otra es un verdadero cambio. La memoria es casi idéntica a la facultad retentiva o plástica que se considera como aquella cuyo ejercicio entraña mayor gasto de fuerzas para la inteligencia y para el cerebro. Por otra parte, la acción del juicio puede muy bien no ser más que el ejercicio de la facultad de discernimiento; puede ser también una percepción de semejanza e identidad; y por último, un acto de combinación. El juicio es la facultad de nuestro entendimiento que saca partido de las impresiones ya existentes, y que está en oposición con aquella que aumenta el número de estas impresiones. La más seductora y la más productiva de todas nuestras facultades intelectuales es la de la percepción de las semejanzas que nos permite remontarnos de lo particular a lo general, reconocer la unidad en la variedad y dominar la multiplicidad de la naturaleza, en vez de dejarnos dominar por ella. Todavía hay mucho que decir para demostrar completamente la naturaleza de la oposición entre los actos intelectuales que dependen de la memoria, y aquellos que dependen del juicio. Las lenguas y las ciencias representan bastante bien esta oposición, bien que el estudio de las lenguas no excluye el ejercicio del juicio, y que las ciencias exigen el de la memoria; pero, para las lenguas, ponemos siempre en juego la retentividad, y para las ciencias el punto principal es reconocer la unidad en la variedad. Así es que el paso de uno de estos estudios al otro, presenta una diferencia y un cambio verdaderos para el entendimiento; solo que, en la infancia, el papel más importante pertenece a la memoria maquinal, que obra entonces con más facilidad que la otra facultad, por razones que son fáciles de adivinar. Podemos ahora examinar cuales son los estudios que constituyen los mejores cambios o variaciones, para aflojar el entendimiento sobre un punto, permitiendo avanzar en otro. Para los ejercicios musculares, distinguimos varias regiones distintas: el cuerpo en general, la mano, la voz para los sonidos articulados, y la voz también para el canto. Pasar de una de estas regiones a otra, es un cambio casi completo. Además, bajo el punto de vista del sentido que ejercemos, podemos hacer trabajar alternativamente la vista y el oído, lo que proporciona otro cambio completo; y también el trabajo de cada órgano puede ejercerse sobre fenómenos distintos: el ojo percibe igualmente los colores y las formas; y el oído, la música y los sonidos articulados. Otro cambio que hace reposar el entendimiento es el paso de la lectura de un libro o de una lección oral al examen de objetos concretos, lo que tiene lugar casi siempre en las ciencias de observación y las ciencias experimentales. Este cambio es casi tan grande, como cuando se pasa de un punto abstracto como las matemáticas, a una ciencia concreta y experimental, tales como la botánica o la química. El cambio es más grande aun si se pasa del mundo material al mundo intelectual; pero, en este caso, estamos expuestos muy a menudo a engañarnos por las apariencias. Hemos dicho, con razón, que la aritmética hace descansar el entendimiento después de cierto tiempo consagrado a la lectura y a la escritura; en efecto, el esfuerzo de la inteligencia y la dirección que se le imprime podrá hacer los cálculos y resolver los problemas, son bien diferentes de los que exige una lección de lectura. Consideramos, con justa razón, las matemáticas como el trabajo más difícil y el de menos atractivos para la generalidad de los entendimientos, y sin embargo, puede haber ocupaciones que las hagan aceptar como un descanso agradable. Conocemos eclesiásticos que, para descanso de los deberes de su ministerio, se entretienen en resolver problemas de álgebra y de geometría. El estudio de las bellas artes es siempre una ocupación agradable, sea porque pone en juego los órganos sensibles a los colores, sea porque da un sentimiento de placer que en los demás estudios apenas es notable. La parte más seductora de la educación moral tiene cierta relación con las artes; pero sus ejercicios más serios son una necesidad penosa, y no un descanso de otra ocupación. Los cuentos, los incidentes conmovedores y los objetos de un interés general, sirven sobre todo de recreo y son fuentes de placer. Considerados bajo otro punto de vista, forman parte de uno de los estudios principales, y dependen de la memoria, del juicio, o de la facultad de combinación; en este caso, deben tratarse en consecuencia. La educación física, las bellas artes -que son en conjunto una reunión de alternativas-, las lenguas, las ciencias, no nos presentan una lista completa de todas las adquisiciones intelectuales; pero, nos indican los principales géneros de estudios, cuya sustitución de uno a otro hace descansar el entendimiento y favorece la economía del conjunto de sus fuerzas. Como ya dejamos dicho, cada uno de estos estudios admite cambios de actitud y de ejercicio: después de haber escuchado, se repite; después de haber aprendido una regla, la aplicamos a casos nuevos; en fin, de una manera más general, después de saber, practicamos. El paso de una lengua a otra, que no es más que un cambio en la naturaleza de las impresiones, es un cambio de trabajo que proporciona menos descanso que los otros, sin dejar por esto de ser positivo. Lo será sobre todo, si los ejercicios no son iguales en las dos lenguas, porque después de haber aprendido una lista de palabras latinas por la mañana, aprender por la tarde otra de palabras alemanas no proporciona ningún descanso. Cuando pasamos de una ciencia a otra, puede suceder, como dejamos dicho ya, que el cambio sea muy grande o muy insignificante. De la botánica a la zoología no hay más que una diferencia de objeto material, sin cambio en la forma de trabajo. En las matemáticas puras y las matemáticas mixtas sucede absolutamente lo mismo. Pasar del álgebra a la geometría no da más que un reposo insignificante, de la geometría a la trigonometría y a las secciones cónicas, no procura descanso a ninguna facultad. Ciertos pequeños cambios dan un verdadero descanso, y no se deben despreciar. Variar de profesor - admitiendo que los dos enseñen bien, es un reposo sencillo y agradable; hasta el cambio de habitación, de sitio, de postura, es un remedio contra el cansancio, y facilita los esfuerzos ulteriores. Un discípulo fatigado encontrará placer, si no puede cambiar de estudio, al menos en cambiar de libro. En los colegios alemanes, donde las reglas son severas, y se exige a los discípulos un trabajo considerable, les permiten dedicar un día de la semana a los estudios que prefieren. Algunos estudios presentan aspectos tan diversos que parecen encerrar los elementos de una ocupación suficientemente variada: tales son la geografía, la historia y la literatura, cuando se estudian bajo el doble punto de vista del conocimiento de los hechos y de la manera de expresarlos. Sin embargo, esta variedad no es una cosa absolutamente deseable. Sería necesario que la parte analítica de la ciencia de la educación descompusiera estos estudios complejos en sus elementos constituidos, y examinara no solamente la parte que cada uno de estos proporciona a nuestra cultura intelectual sino que también las ventajas y desventajas que presenta su mezcla.