FACULTAD DE COMBINACIÓN
En muchas partes de la educación, el esfuerzo que debe hacerse no consiste sólo en grabar en nuestra memoria los hechos presentados al entendimiento, pero sí en hacernos ejecutar alguna operación nueva, algo que no habíamos podido hacer nunca. Tales son, por ejemplo, nuestros primeros ensayos para hablar, escribir y aprender un arte mecánico o manual. Sucede tambien lo mismo para los actos intelectuales de orden superior, por ejemplo, cuando tratamos de hacer pasar por nuestra imaginación lo que nunca hemos visto. No incluiremos, sin embargo, entre estos actos intelectuales, la invención o el descubrimiento, porque la cultura de la facultad creadora no está incluida en el objeto que nos ocupa. La psicología de la facultad de combinar es sumamente sencilla. Ciertas condiciones fundamentales se encuentran en todos los casos, y observando estas condiciones como maestros, podremos prestar todo el auxilio posible a los discípulos que luchan contra las dificultades. La facultad de combinación supone necesariamente OBJETOS QUE COMBINAR, facultades ya adquiridas que ejercer, dirigir y combinar de un modo nuevo: por ejemplo, para bailar, antes es preciso andar; es preciso articular sonidos simples, antes de pronunciar palabras; antes de formar letras, es preciso hacer curvas y trazos; para representar en nuestra imaginación un jardín, es preciso pensar primero en árboles, arbustos, flores y verduras. La consecuencia práctica de este principio es evidente e incontestable; se aplica a la educación en general, y no ha podido nunca ser descuidada, por más que nunca ha dado todo el fruto que era de esperar. Antes de empezar un ejercicio nuevo, tenemos que llegar a él gradualmente por la práctica de los ejercicios preliminares o preparatorios. En los ejercicios más materiales tales como los de la palabra y de la escritura, los percances que ocurren vienen a menudo a llamar la atención de los maestros sobre la observación de este principio; al contrario le perderán de vista cuando las fases sucesivas de un trabajo sean demasiado sutiles para ser comprendidas; por ejemplo, cuando se trata de explicar alguna doctrina científica. Cuando queremos hacer una combinación nueva, es preciso que tengamos una idea clara del resultado que se trata de conseguir; es necesario también que tengamos los medios de poder juzgar de la medida en que lo hemos logrado. El niño que aprende a escribir, tiene un modelo delante de él; el soldado en las filas, mira a su jefe que le sirve de modelo, o escucha la voz del sargento instructor. Siempre que tenemos ante nosotros un modelo claro e inteligible, tenemos grandes probabilidades de copiarlo bien; si, por el contrario, nuestro modelo es confuso e indeciso, titubeamos y no conseguirnos nada bueno. El maestro que nos guía, aprueba y desaprueba, tendrá que ser un hombre de juicio sólido que esté siempre conforme consigo mismo, porque sino, si es hoy de un parecer, y mañana de otro, no conseguirá más que desconcertarnos y perdernos. Todos los modelos tienen el defecto de contener ciertos rasgos particulares de su autor, hijos del ideal que presidía en él al hacerlos. Cada maestro nos comunica inevitablemente su MANERA, y desgraciadamente, muy a menudo, los discípulos no cogen del maestro más que aquella porque es generalmente más fácil acostumbrarse a ella, que asimilarse a lo que hay verdaderamente bueno en la enseñanza. El remedio, en estos casos, consiste en comparar entre sí, cierto número de buenos modelos, como un capitán de navío compara entre sí los diferentes cronómetros que posee. Cuando seguimos un modelo cuya perfección es demasiado exacta para que podamos alcanzarla -por ejemplo, cuando un niño copia un modelo grabado de escritura-, necesitamos un segundo juicio para saber si nuestras faltas son graves y fundamentales, o solamente ligeras e inevitables. La intervención y experiencia del maestro podrá guiarnos por una vía parecida a la luz de la aurora, cuya brillantez va aumentando poco a poco hasta la salida del sol, o podrá dejarnos en una perplejidad desesperante. La verdadera misión del maestro es hacernos conocer nuestras faltas, en qué consisten, y por qué lo son. El único medio de llegar a una combinación nueva es seguir probando con perseverancia hasta conseguirla. La voluntad determina ciertos movimientos que dejamos de ejecutar si no nos dan el resultado apetecido; hacemos otros nuevos, y los repetimos hasta conseguir la combinación deseada. PROBAR Y EQUIVOCARSE son los medios de adquirir facultades nuevas; ahora bien, si las condiciones que acabamos de exponer se encuentran llenas, menos numerosas serán las tentativas infructuosas. Si nos han guiado convenientemente para una combinación cualquiera, y tenemos una idea clara del fin que deseamos obtener, con pocas tentativas tendremos bastante: la supresión rápida de todo movimiento falso nos conducirá más pronto al movimiento verdadero. La adquisición de una nueva combinación manual -escritura, natación, artes mecánicas- exige un verdadero esfuerzo de nuestras facultades, y para conseguirlo, es necesaria la reunión de todas las circunstancias favorables que hemos indicado a propósito de la facultad retentiva. Vigor y actividad del cuerpo y del entendimiento, abstinencia de distracciones y de emociones vivas ajenas a aquello de que nos ocupamos, y esperanza de buen éxito, son las circunstancias que necesitamos reunir cuando queremos realizar una combinación difícil. Por el contrario, la fatiga, el temor, la agitación, y en una palabra, todas las emociones que gastan las fuerzas, nos hacen perder las probabilidades de éxito. Sucede, muchas veces, que nos vemos obligados a interrumpir nuestros esfuerzos, pero los resultados de la lucha no se pierden enteramente por esto, evitándonos por lo menos ciertas direcciones y limitando así el círculo de nuestras tentativas para la próxima ocasión. Después de repetir dos o tres veces estas tentativas separadas por intervalos de reposo, si no llegamos a la combinación que nos proponemos, será una prueba de que nos falta algún ejercicio preparatorio, y será preciso volver a repetir aquellas para abordar mejor la cuestión. Puede suceder también que hayamos aprendido los movimientos preliminares, pero que no lo hayamos hecho de una manera bastante firme y segura para ejecutarlas en una combinación










