LA INSTRUCCIÓN Y EL EJERCICIO

LA INSTRUCCIÓN Y EL EJERCICIO

La diferencia que existe entre la instrucción por una parte, y el ejercicio, la disciplina, y el desarrollo de las facultades intelectuales por otra, desempeña un gran papel en todas las discusiones sobre la educación. Lo mejor es establecer esta diferencia de la única manera verdaderamente práctica, es decir por ejemplos de una y de otra. Alegan a menudo que ciertos estudios no tienen más que poca importancia bajo el punto de vista de la instrucción, pero son tan útiles como ejercicios intelectuales que deben preferirse a cualquier otro estudio que no sea más que instructivo. El objeto de la educación no es enseñar verdades, sino desarrollar y ejercitar las facultades y las fuerzas de la inteligencia. Veamos primero lo que tiene relación con la instrucción. Las reglas fundamentales de la aritmética: adición, multiplicación, etc., enseñadas sólo bajo el punto de vista de la práctica, sin consideración a su teoría o a sus principios, se tendrían probablemente como una instrucción útil, pero no como un ejercicio para el entendimiento. Así están consideradas, en efecto, por la mayoría de los discípulos. Consideremos, en segundo lugar, nuestra lengua materna. Todas las particularidades de la lengua, incluso las reglas de corrección y de propiedad más elevadas, pueden enseñarse bajo el único punto de vista de la práctica del lenguaje escrito o hablado, sin que se trate siquiera de conducirlas a un plan metódico, o de dar de ellas una explicación racional. Esto no sería más que un hecho de instrucción, y nada más; la enseñanza de una lengua, así dirigida, sería muy útil, pero no podría llamarse ejercicio intelectual. Cuando se ha vivido siempre con personas que hablan de una manera correcta y elegante, se habla también con corrección y elegancia, sin necesidad de maestro. Podría aprenderse, del mismo modo, una lengua extranjera; hasta las lenguas muertas podrían enseñarse sin gramática ni reglas, por la sola costumbre de leer buenos autores. El estudio de los hechos históricos no es, en general, más que una sencilla instrucción. Es preciso observar el orden de los tiempos, pero esta violencia no constituye un ejercicio intelectual. La cronología nos enseña el orden en que se han producido los principales hechos históricos; suministra a nuestra memoria tantos elementos instructivos como ésta puede retener, pero no aspira ni a desarrollar ni a cultivar ninguna facultad; no es más, después de todo, que uno de los mil modos que existen de emplear la memoria. Los hechos geográficos pueden ser también simplemente instructivos. Mientras se presentan sin unirlos entre sí y a parte de todo sistema, no son más que materiales de instrucción; pero si los reúnen según un plan regular, siguiendo un método descriptivo concebido de modo que se puedan retener y comprender con más facilidad, llegan a ser, en cierto modo, ejercicios intelectuales. Obligan a los discípulos a comprender el plan según el que se presentan, y se les entrega como un arte del que pueden servirse ellos mismos para todos los detalles análogos. Todos los hechos relativos a las operaciones de las artes de la vida práctica que sirven para dirigir a los artesanos en sus trabajos, y para enseñar a todos, los medios de conseguir ciertos resultados ventajosos, constituyen un vasto conjunto de conocimientos útiles. Las recetas de cocina, los procedimientos de la agricultura y de la industria, los medios que deben emplearse para combatir ciertas enfermedades, el procedimiento de los tribunales, son conocimientos preciosos, pero que no deben considerarse como ejercicios para el entendimiento. Nuestros libros sobre el arte de dirigir una casa, de criar animales, son colecciones de datos excelentes, pero nada más. Las ciencias propiamente dichas pueden contener hechos que aprende el discípulo simplemente como conocimientos útiles. Se pueden tomar las conclusiones prácticas de ciertos principios científicos y sacar partido de ellas dejando sin embargo, completamente a un lado, las demostraciones, las deducciones y las pruebas, como lo hemos dicho ya relativamente a la aritmética. Hasta para la geometría puede el discípulo retener los teoremas como otras tantas verdades aplicables a la práctica, sin comprender de qué modo se encadenan, es decir sin saber la geometría como ciencia. Podemos poseer del mismo modo una cantidad considerable de hechos físicos, químicos y fisiológicos, y exponerlos sin error ninguno, sin conocer ninguna de estas ciencias. La misma consideración se aplica al conocimiento del entendimiento. Sin embargo, es preciso que una inteligencia esté bastante elevada para asimilarse, recordar y aplicar un número considerable de reglas prácticas y útiles, suministradas por las diferentes ciencias. Este hecho no prueba que el entendimiento haya sido bien dirigido; pero demuestra por lo menos que ha habido un gasto bastante grande de fuerza intelectual. Cuanto más elevado sea el carácter de un trabajo, mas delicadeza exige en el discernimiento, y exactitud en la percepción, para proporcionar medios al fin que se han propuesto. Para conducir un buque, para ejercer la medicina, una instrucción conveniente es suficiente; pero esta instrucción es de un orden superior. En una palabra, lo que llamamos puramente instrucción presenta diferentes grados bajo el punto de vista de la cantidad y de la calidad, y los grados más elevados exigen por su naturaleza el empleo de las principales facultades y de las mayores fuerzas de nuestro entendimiento. En realidad, las profesiones superiores exigen tal extensión de conocimientos prácticos, que es imposible abarcarlas todas, unirlas y hacerlas bastante precisas sin recurrir a una ciencia o a un método científico que entran evidentemente en lo que llamamos disciplina intelectual. Examinemos ahora las diferentes acepciones de la palabra DISCIPLINA. Se da el nombre de instrucción a la aplicación práctica de los hechos científicos; pero el MÉTODO de la ciencia, su orden sistemático, la facultad de encadenar una verdad con otra, o de sacarla de ella, se considera como una cosa diferente y superior. El desarrollo completo del método de EUCLIDES, la reducción de las reglas de aritmética y de álgebra a sus principios fundamentales, se considerarían como una disciplina, un ejercicio o un desarrollo de las facultades. La mayor parte de las definiciones de la palabra EJERCITAR se hacen oscuras por la costumbre que se contrae de representar el entendimiento por sus facultades. Hemos visto que la expresión «EJERCITAR LA MEMORIA» es muy vaga; ejercitar la razón, la concepción, la imaginación, etc., no son tampoco expresiones claras. El término «EDUCACIÓN MORAL» es mucho más fácil de comprender; representa la costumbre de reprimir ciertas tendencias activas del entendimiento y favorecer otras, lo que se hace por medio de una disciplina especial, lo mismo que para el domo de los caballos o para la instrucción de los soldados. La analogía no es muy grande entre estos ejercicios y el desarrollo de las facultades intelectuales; pero sin embargo, puede dar a comprender lo que queremos decir. Instruir a un soldado, es conseguir por una serie de ejercicios graduados, que ejecute rápidamente cierto número de movimientos combinados. Un trabajo de cabeza, es decir la adquisición de ciertos conocimientos, está unido al ejercicio del cuerpo, pero puede considerarse separadamente. Todas las demás profesiones que necesitan cierta habilidad, exigen un elemento de instrucción análogo; solo que las aptitudes físicas no desempeñan siempre el papel principal en esta instrucción que, para muchas profesiones, se dirige más bien al pensamiento o a las ideas. Por ejemplo, la educación de un oficial es más bien intelectual que física: es necesario que conozca las configuraciones, los movimientos, los agrupamientos de las masas de hombres, y que esté siempre pronto a mandar el movimiento que convenga a cada situación. Es el conocimiento aplicable a la práctica con la rapidez del instinto. Hemos dicho ya que la ciencia puede adquirirse bajo una forma que no salga del dominio de los informes sencillos; por el contrario, el arte de la observación científica y el de las averiguaciones científicas, exigen una instrucción especial. Hay que excitar los sentidos, dirigir la atención, enseñar procedimientos, hasta que todo esto haya pasado al estado de hábito: se unen a estos muchos conocimientos detallados, pero son distintos de la instrucción propiamente dicha. LA PALABRA, esta facultad tan extensa, nos presenta muchos hechos que merecen el nombre de instrucción práctica. El arte de cuidar la voz, no es más que un ejercicio práctico. La adquisición de palabras aisladas es por el contrario un ejemplo de conocimiento puro y simple; es LA MEMORIA DE LAS PALABRAS. La unión de palabras en frases, de conformidad con las formas gramaticales y con todas las demás reglas de la oración, debe considerarse como resultado de un ejercicio práctico. El arte aun más ELEVADO de presentar los pensamientos bajo una lucida forma, si no fuese conocido más que por las reglas o por la teoría, podría llamarse CONOCIMIENTO; pero una vez llegado al estado de costumbre, merecería el nombre de EJERCICIO PRÁCTICO. Por esta razón se dice: un orador, un escritor ejercitado. En este sentido es como la enseñanza moral y el ejercicio moral son cosas enteramente distintas. La forma, el método, el orden, la organización, considerados en oposición al punto considerado en sí, tienen un valor propio, y todo lo que los hace plenamente resaltar, y facilita su adquisición, se halla justificado por esta misma razón. Los blancos que sirven para enseñar a tirar, las figuras de madera sobre las que se ejercitan los soldados al manejo del sable, son muy útiles, por más que no representen el verdadero fin que se han propuesto. Un objeto de estudio, cualquiera que sea, tiene un valor positivo así que sirve para enseñarnos métodos cuya utilidad se extiende mucho más allá de aquel mismo objeto. Las ciencias cuyas aplicaciones representan un conjunto de reglas destinado a ayudar el entendimiento -por el método deductivo, como la geometría y las ciencias físico- matemáticas; por la observación y la inducción, como las ciencias físicas; o también por la clasificación, como las ciencias naturales- deben, por este solo motivo, colocarse en la categoría más elevada de los medios de disciplina o de ejercicio intelectual, independientemente del valor de los hechos y de los principios que enseñan, considerados aisladamente o en detalle. Depende a la vez del maestro y del discípulo hacer resaltar y desarrollar el elemento del método, o limitar los resultados de cada estudio para que suministren solamente ciertos conocimientos útiles. La lógica no existe realmente más que como ejercicio de disciplina. Los conocimientos que están unidos con ella deben servir todos para ejercitar la inteligencia. El elemento de FORMA científica es el que mejor se graba en el entendimiento, aislándole para hacer de él el objeto de un estudio especial. Es la gramática del conocimiento. Existe una forma de acción intelectual que acompaña, más o menos, cualquier esfuerzo productivo; es la que tiene cuenta de todas las reglas y de todas las condiciones necesarias para conseguir el fin deseado. No podemos ejecutar un trabajo sin hacer todo lo que exige, no podemos conducir un barco sin virar la vela o el timón según la dirección del viento. No podemos construir una buena frase sin llenar muchos requisitos. Para seguir reglas escritas, es preciso comprenderlas bien, y saberlas aplicar de una manera exacta. Esta es una disciplina que nos enseña todo lo que tenemos que hacer: no es el privilegio de tal o cual estudio o de cualquiera ocupación particular, y esta enseñanza no se extiende más allá del objeto especial a que es debido. Porque un hombre sea buen cazador, no se deduce de esto que tenga que ser hábil político o buen juez, por más que todas estas ocupaciones tengan esa particularidad que el que se entregue a ellas, debe tener en cuenta todas las condiciones necesarias para obtener un efecto dado. Un entendimiento superior, como el de Cromwell por ejemplo, sabrá probablemente pasar de las condiciones indispensables al éxito de un género, a las que exigen otros géneros muy distantes, y llegará muy pronto, de este modo, a ser propio para la práctica de otros trabajos. Al ocuparnos más adelante de los valores educacionales, haremos resaltar todavía mejor la diferencia que existe entre el conocimiento y el ejercicio.