LA SEMEJANZA O IGUALDAD
Creemos no exagerar, ni hacer una comparación inexacta si decimos que esta facultad es la FUERZA DE GRAVITACIÓN DEL MUNDO INTELECTUAL. Para la comprensión, la percepción de semejanzas es tan importante como la fuerza plástica representada por la retentividad o memoria. Los métodos que deben seguirse para llegar a la mayor altura de la ciencia general están fundados en las circunstancias que acompañan al reconocimiento de cosas semejantes en medio de otras desiguales. A pesar de la variedad que presenta el mundo tal como le conocemos, variedad que se dirige a nuestra percepción de las diferencias, presenta también muchas repeticiones o semejanzas y, por consiguiente, unidad. Existe un gran número de matices de los mismos colores, que nuestra vista sabe distinguir entre sí, y sin embargo, el mismo matiz se reproduce a menudo a nuestra vista. Existen muchas formas variadas -forma redonda, cuadrada, espiral, etc., etc., que distinguimos perfectamente cuando se encuentran opuestas unas a otras, y al mismo tiempo vemos tal o cual forma volver a parecer. A primera vista, este hecho parece no tener importancia; el punto principal consiste en evitar que se confundan los objetos diferentes -lo azul con lo morado, el círculo con la elipse; si lo azul vuelve a presentarse, debemos reconocerle como lo hemos hecho ya. Obrando así, nos apresuramos mucho, sin tener en cuenta una consideración esencial. Lo que da al principio de semejanza una posición predominante, es la DIVERSIDAD que le acompaña. La forma redonda de un anillo o de una moneda, se nos viene a la memoria cuando vemos la luna llena, mientras que las circunstancias que acompañan a esta forma redonda, nos ofrecen diferencias que es indispensable comprobar. Más, a pesar de estas diferencias, es muy importante reconocer la igualdad que existe entre diferentes objetos, bajo el solo concepto de la propiedad que se conoce con el nombre de redondez. Cuando una impresión hecha en cierta situación se repite en otra diferente, la última nos hace recordar la primera, a pesar de la diferencia que existe entre las dos; puede decirse que esta llamada a nuestro recuerdo es un nuevo género de choque o avivamiento de la conciencia, al cual daremos el nombre de CHOQUE DE ESCLARECIMIENTO DE LA IDENTIDAD ENTRE LA DIFERENCIA. Un pedazo de carbón y otro de madera son diferentes; ahora bien, si los metemos en el fuego, el uno y el otro se hacen áscuas, dan calor y se consumen. Este es un punto de semejanza que determina una impresión durable, relativamente a estos dos objetos. De cosas de este género se compone la mitad de lo que nosotros llamamos CONOCIMIENTO. Siempre que una diferencia existe, debemos conocerla, y también cuando hay igualdad. Desconocer estos dos casos sería estupidez. Nuestra educación sigue estas dos líneas a la vez, y si el maestro nos auxilia, debe hacerlo para la una lo mismo que para la otra. Ya hemos indicado los artificios que favorecen la percepción de las diferencias, y las influencias que se oponen a ella; casi todo lo que hemos dicho relativamente a este punto, se aplica también al de las semejanzas. Cuando se trata de reconocer las semejanzas en medio de las diferencias, ciertos caso son fáciles, pero en otros, el entendimiento necesita ayuda. Indicaremos de nuevo, para la percepción delicada de las semejanzas, LA OPOSICIÓN QUE EXISTE ENTRE LOS ACTOS INTELECTUALES Y LAS EMOCIONES. Solo en la ausencia de toda emoción, los ejercicios intelectuales del orden más elevado son posibles. Este hecho debe poner a los maestros en guardia contra el empleo demasiado frecuente de los castigos, así como también contra el placer y toda otra emoción; además, sacaremos otra consecuencia más clara todavía. Abordaremos en seguida el problema de los conocimientos generales que son los que al entendimiento le cuesta más trabajo aprender. Una idea o una verdad general es un hecho que se representa en medio de diferentes circunstancias. La palabra CALOR, por ejemplo, sirve para nombrar uno de estos hechos generales. Existe un gran número de objetos distintos, enteramente diferentes unos de otros, pero que se asemejan todos en que determinan la sensación que llamamos calor, el sol, el fuego, una lámpara, un animal vivo. La inteligencia discierne la semejanza a pesar de todas las diferencias entre estos objetos, y por este discernimiento llega a una idea general. Ahora bien, la piedra de toque para el esfuerzo generalizador del entendimiento es la presencia de las diferencias individuales. Puede suceder que estas diferencias sean débiles e insignificantes, y también, que sean grandes. Si comparamos dos fuegos entre sí, nos llama la atención su semejanza, y las diferencias que pueden presentar bajo el concepto del tamaño, de la intensidad, del combustible, no son bastantes para hacernos perder de vista su semejanza. Por el contrario, la extrema desigualdad que existe entre un rayo de sol y un montón de estiercol en fermentación, perjudicará altamente a la percepción del punto de semejanza entre estos dos objetos; muy a menudo esta lucha entre la semejanza y la diferencia nos hace desconocer aquella, y retarda el descubrimiento de las verdades más importantes. El método de YUXTAPOSICIÓN puede servir para descubrir las semejanzas, así como también las diferencias. Podemos reunir las propiedades comunes a los cuerpos que se trata de comparar, para hacer resaltar mejor su semejanza. Este resultado se obtiene, sea por la aproximación de los objetos, como sucede cuando se buscan las diferencias, sea por su contacto simétrico, como cuando comparamos las dos manos sobrepuestas, pulgar sobre pulgar, y los dedos meñiques juntos. Las yuxtaposiciones simétricas tienen la ventaja de demostrar a la vez las semejanzas y las diferencias. La generalidad de este método es muy grande, y es uno de los medios artificiales más poderosos de instrucción que pueda emplear un maestro. La acumulación de un gran número de ejemplos es indispensable para grabar un hecho general del entendimiento. Sólo demostrando muchas veces en qué consiste la semejanza, y aislando este punto de todo lo que pudiera distraer el entendimiento, puede proporcionarse una impresión suficiente de una idea general importante. No queremos examinar aquí los diversos obstáculos que hay que superar cuando se sigue este método, ni exponer las razones que impiden aplicarle a las cuestiones más importantes; diremos, solamente, que el interés que se liga a los casos particulares, desvía constantemente la atención, y que el maestro, así como también el discípulo, ceden algunas veces a esta seducción. La percepción de las semejanzas nos proporciona todavía estos servicios, llegando a ser un auxiliar poderoso para la memoria. Cuando tenemos que aprender una lección completamente nueva, nos vemos obligados a grabar todas sus partes en nuestro cerebro por la plasticidad de este órgano, y se necesita cierto tiempo para cimentar y madurar todas sus impresiones. Si, por el contrario, la lección dada contiene partes ya conocidas por nuestro cerebro, escusamos el trabajo de estas partes, y no aprendemos más que lo nuevo. Cuando sabemos todo lo que se refiere a una planta, podemos fácilmente conocer lo concerniente a otras plantas de la misma especie o del mismo género; pues no nos resta más que estudiar los puntos por los cuales se diferencian de la primera. Se conoce en seguida la importancia de este hecho por el desarrollo del entendimiento. Una vez adquirido cierto número de conocimientos -artes manuales, lenguas, dibujo-, nada de lo que se presenta es absolutamente nuevo para nosotros, y el número de los objetos que pueden ser nuevos, decrece a medida que aprendemos más. La plasticidad del cerebro está muy lejos de acrecentarse con los años; pero la facilidad con la cual adquirimos conocimientos nuevos va siempre creciendo porque, en el fondo, estos conocimientos son tan poco nuevos, que las relaciones cerebrales que deben establecerse, se reducen a muy poca cosa. El aire más original que pueda componer el genio musical será inmediatamente aprendido por un músico instruido. Este hecho tan importante se manifiesta continuamente en la práctica de la enseñanza. El maestro puede ayudar y guiar al discípulo en los casos en que no percibe éste la semejanza que existe realmente; debe también preguntarle que indique en qué medida un ejercicio nuevo contiene hechos ya conocidos. Los obstáculos y los medios de triunfar, ya los hemos indicado. Cuando los puntos son complejos, se recurre a una aproximación regular, y puede suceder que tengamos que combatir el atractivo que presentan los casos particulares. Cuando los maestros, para grabar mejor los hechos en la memoria de los discípulos, les hacen establecer las relaciones de causa y de efecto, de medio y de fin, de antecedente y consecuente, tratan de establecer la igualdad que existe entre estos hechos y las impresiones anteriormente adquiridas.










