LAS CIENCIAS EXPERIMENTALES E INDUCTIVAS

LAS CIENCIAS EXPERIMENTALES E INDUCTIVAS

Abandonamos ahora el dominio de las matemáticas puras y aplicadas, que comprende una parte considerable de la física, para entrar en el de las CIENCIAS EXPERIMENTALES E INDUCTIVAS, que tienen todas un carácter común bajo el punto de vista de la disciplina intelectual. La parte experimental de la física, la química y la fisiología enteras nos presentan el método experimental y el método inductivo en toda su pureza. En este vasto campo científico es donde podemos aprender cuáles son las precauciones necesarias para llegar a la verdad por la vía de la observación y de la experiencia. En las ciencias que acabamos de citar, la comprobación de un hecho aislado, al que los ignorantes no darían ninguna importancia, llega a ser un trabajo serio. Para encontrar el cambio de volumen que sufre el oxígeno cuando se trasforma en ázoe bajo la influencia de la chispa eléctrica, el Sr. Andrews ha repetido más de cien veces la misma experiencia. A la determinación de los hechos se une la generalización por inducción, trabajo del que estas ciencias nos ofrecen los mejores modelos. Por su estudio, más que por cualquier otro, es como aprendemos a reprimir la tendencia natural que tiene nuestro entendimiento a generalizar demasiado. La historia de los descubrimientos de la física es una advertencia perpetua contra las generalizaciones demasiado precipitadas, y la lógica de las ciencias experimentales nos suministra los ejemplos y las reglas que debemos seguir para llegar a la verdad. Estableciendo la ley de gravitación, Newton ha dado una gran lección de generalización. Nos ha demostrado de una manera precisa toda la diferencia que existe entre una inducción establecida y una hipótesis provisional, y esto no debe olvidarse. El método inductivo ha sido trasportado del dominio de las ciencias físicas a otros estudios, como por ejemplo al del entendimiento, de la política, de la historia, de la medicina y de otros muchos. Las mismas ciencias nos enseñan en qué circunstancias y hasta qué punto debemos fiarnos de las generalidades empíricas y limitadas. Nos presentan también una aplicación práctica de las reglas de pruebas probables, cuyas bases han sido sentadas por las matemáticas. Sobre este punto y otros muchos, las ciencias físicas son la mejor transición de las fórmulas abstractas de las matemáticas y de la certidumbre de sus demostraciones, a las regiones de la simple probabilidad que presentan los asuntos humanos. No hemos hecho más que indicar algunas de las lecciones de método más importantes que nos dan las ciencias físicas. Un largo capítulo sería necesario para demostrar, como lo hemos hecho ya para las matemáticas, como se infiltran y penetran poco a poco en nuestros otros conocimientos, las ideas suministradas por estas ciencias. Bajo el punto de vista de los conocimientos prácticos y de una utilidad directa, las tres ciencias que nos ocupan son la fuente de los conocimientos útiles por excelencia. Brotan de la física, de la química, y de la fisiología, mil corrientes fertilizadoras que se esparcen sobre todas las artes y toda la práctica de la vida. No sólo son estas ciencias las bases de un gran número de profesiones especiales, sino que también sirven para guiar a los hombres en muchas circunstancias diferentes. Para ciertos conocimientos, recurrimos a los consejos de un hábil especialista; pero cada uno de nosotros se ve obligado a aplicar alguna ley física, química o fisiológica en circunstancias en que no puede pedir más que consejos. En la vida civilizada de nuestra época, un jefe de familia necesita poseer aun más ciertos conocimientos científicos. Es casi innecesario indicar aquí las aplicaciones de la física para nuestros actos más ordinarios. Entre nuestros utensilios de cocina se encuentran palancas, poleas, planos inclinados y otras muchas máquinas. Hacemos también uso de ventanas, de rejas, de campanas, de relojes; tenemos que examinar a cada instante si tal o cual objeto está suficientemente sostenido. La circulación del agua en nuestras casas y en nuestros jardines nos obliga a aplicar sin cesar principios de hidrostática y de hidráulica. Las necesidades de circulación del aire, de calórico, de ventilación, de alumbrado con gas, nos obligan también a conocer los principios aplicables a los fluidos aeriformes. Los del calor se presentan a nosotros tratándose de la tensión del vapor de agua y de la explosión de las calderas. No basta mandar llamar operarios cuando algo se descompone; debe comprenderse por sí mismo la acción de todas las fuerzas naturales para poder tomar siempre las precauciones convenientes, y si se consigue por medio de los conocimientos empíricos, se conseguirá mucho mejor aun por principios científicos. Las aplicaciones inmediatas de la química a la vida ordinaria son tal vez menos numerosas, pero no son menos importantes que las de la física. La acción corrosiva de los ácidos y de los alcalinos, el poder disolvente del espíritu de vino y de la esencia de trementina para las superficies barnizadas sobre las cuales el agua está sin acción, la protección de las telas y de los muebles contra las sustancias químicas peligrosas que se emplean para ciertos usos domésticos, y muchos hechos relativos al planchado, a la cocina y a la conservación de provisiones de casa: todo esto exige ciertos conocimientos químicos. La utilidad de la fisiología para la conservación de la salud y de las fuerzas físicas aumenta todavía el valor de los estudios preparatorios de física y de química, sin los cuales la fisiología no puede ser más que imperfectamente comprendida. Por más que los resultados más importantes de la fisiología se resuman en ciertos principios prácticos -necesidad de respirar un aire puro, tener una alimentación sana y bastante abundante, hacer alternar el ejercicio con el reposo, asegurar la fuerza intelectual por medio de buenas condiciones físicas-, sin embargo no se atreve uno con todos estos grandes principios cuando no se ha familiarizado antes con la ciencia fisiológica. Además, por más que la mayor parte de las enfermedades exijan la ayuda de un buen médico, sin embargo el concurso inteligente del enfermo es de mucha utilidad para la curación; pero como la ciencia fisiológica es todavía imperfecta, hasta para las manos más hábiles, no hay que exagerar su poder. Lo que produce es bastante importante para servir de recompensa a los que la estudian; mas, pretender, como lo han hecho ya, que puede enseñarnos la moderación en el apetito sexual, es atribuirle un resultado que ninguna ciencia ha dado. Las ciencias experimentales que acabamos de indicar abrazan un gran número de fenómenos que, bien comprendidos, nos dan la llave de muchas acciones ocultas de la naturaleza. La satisfacción que proporcionan estas ciencias a una curiosidad inteligente, debe contarse en el número de nuestros placeres más elevados; la historia de sus principios y de sus adelantos actuales procura al entendimiento una ocupación útil que da un nuevo atractivo a la vida, y por fin, de todas las relaciones que tenemos con nuestros semejantes, las que se fundan en la instrucción dada o recibida, son seguramente las más nobles y las más dignas.