LOS SENTIMIENTOS MORALES
Los sentimientos que llaman morales son, por su tendencia, la base de toda conducta buena y virtuosa. Los demás sentimientos pueden girarse hacia el mismo fin, pero puede suceder también que obren en un sentido muy diferente. Cuando habla el maestro de estos sentimientos en términos más precisos, pero verdaderamente equivalentes en el fondo, insiste especialmente sobre el deseo de contentar, o el temor de descontentar a los padres o a los superiores, así como sobre el espíritu de obediencia: todos estos sentimientos se adquieren, pues, por la práctica. Todos los sentimientos primitivos que nos inducen a conducirnos bien, tienen que ser de naturaleza igual a los sentimientos de simpatía o de sociabilidad, que se despiertan por medios definidos muy conocidos por todos los que han estudiado la naturaleza humana. De todos los motivos que nos inclinan a ser buenos para nuestros semejantes, el más poderoso es la bondad de estos para con nosotros: el que pueda resistir a esto, merece ser gobernado sólo por el temor. Dice la ley divina: «Haced a los demás lo que quisierais que os hiciesen»; pero la práctica, que no se eleva a tanta altura, dice sencillamente: «Haced a los demás lo que os hacen». Tratándose de virtud moral, los niños no van mucho más allá. Es exigir demasiado a los niños pedirles sentimientos generosos y desinteresados para los que no se portan bien con ellos. No poseen los niños más que muy pocas cosas; son verdaderamente pobres. Tienen, por todo caudal, una vivacidad franca y sin trabas, una gran elasticidad de humor, y esperanzas. Si renuncian con gusto a una parte de estos bienes, no es más que a cambio de bienes equivalentes. Puede lograrse provocar, en ellos, arranques de abnegación, en los que comprometan, a veces, hasta su porvenir de una manera irrevocable, sin saber lo que se hacen; pero no hay que esperar de ellos una violencia prolongada y de todos los instantes, si no se les ofrece alguna recompensa en el presente o en el porvenir. Es muy difícil inducir a cualquier persona a devolver siempre el equivalente de lo que recibe.










