PASO DE LO CONOCIDO A LO DESCONOCIDO
Caminar de lo conocido a lo desconocido es una de las reglas favoritas del arte de enseñar; pero esta regla está, pocas veces, expuesta de modo que pueda guiarnos de una manera bien definida. En los casos fáciles, su sentido es bastante claro: toda explicación, por ejemplo, debe recordarnos hechos ya conocidos, sin los cuales la explicación no podrá ser comprendida. No hay en esto más que el paso de lo simple a lo compuesto, la regla que exige que nos hagamos dueños de un grado antes de pasar al siguiente. El que vicia, a sabiendas, un precepto tan evidente, puede estar seguro de no conseguir nunca nada; mas el que pudiera decir, en conciencia, que no lo ha violado nunca, merecería una gloria inmortal. Si una demostración se funda sobre principios mal comprendidos, si una descripción contiene términos que no tienen sentido para aquel a quien se dirige, si una instrucción encierra actos que no han sido nunca ejecutados, resultará necesariamente de esto un golpe fatal para las ideas. Cuando la instrucción se da bajo una forma rigurosamente metódica, como en un curso regular de ciencia, se sigue más o menos el orden lógico, pero muchas veces con cierta dificultad. En las fases que preceden a ésta, y en la enseñanza, se da con bastante descuido, nada garantiza la observación de este orden. En el fondo, los espíritus menos maduros son los más expuestos al desorden, y parece extraño que puedan retener unos conocimientos presentados en semejantes condiciones. Este desorden, es tal vez, inevitable, pero no es, por cierto, ventajoso. Examinaremos más adelante, detalladamente, las causas de esta necesidad y los medios de prevenir sus malos efectos. La palabra no puede presentar más que un solo objeto a la vez; los hechos y los principios no pueden llegar más que unos después de otros. Así pues, para hacer comprender un punto difícil, sería de desear, algunas veces, que dos o tres hechos fuesen presentados juntos, y concebidos simultáneamente. Este es un obstáculo que el discípulo debe superar. Otro inconveniente hay: es que la expresión del hecho más claro y más elemental puede, a pesar de nuestros esfuerzos para impedirlo, introducir otros hechos que no han sido aun comprendidos, y dejar por consiguiente, en el entendimiento, un punto oscuro que perjudica a la inteligencia de todo lo que sigue, hasta que lleguemos a un hecho que lo aclare todo.










